Mientras el príncipe encantado no aparecía, lo que le quedaba era soñar. Se enamoró por primera vez a los once años, mientras iba a pie desde su casa hasta la escuela primaria local. El primer día de clase descubrió que no estaba sola en su trayecto: junto a ella caminaba un chico que vivía en el vecindario y que asistía a clases en el mismo horario.
Nunca intercambiaron ni una sola palabra, pero María empezó a notar que la parte que más le agradaba del día eran aquellos momentos en la carretera llena de polvo, la sed, el cansancio, el sol en el cenit, el niño andando de prisa, mientras ella se agotaba en el esfuerzo para seguirle el paso.
El poder de la belleza: ¿y cómo sería el mundo para las feas? Tenía algunas amigas en las que nadie se fijaba en las fiestas, nadie les decía: «¿Cómo estás?». Por increíble que parezca, esas chicas valoraban
mucho más el poco amor que recibían, sufrían en silencio cuando eran rechazadas, e intentaban enfrentarse
El poder de la belleza: ¿y cómo sería el mundo para las feas? Tenía algunas amigas en las que nadie se fijaba en las fiestas, nadie les decía: «¿Cómo estás?». Por increíble que parezca, esas chicas valoraban
mucho más el poco amor que recibían, sufrían en silencio cuando eran rechazadas, e intentaban enfrentarse